BOCA PREOCUPA A SU DT: PERDÍO 2-0 ANTE VELEZ EN LINIERS
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BOCA PREOCUPA A SU DT: PERDÍO 2-0 ANTE VELEZ EN LINIERS

Guillermo es, como entrenador, todo lo que Boca no tuvo en estos años de Riquelme al frente de Boca, a excepción de los tiempos de Miguel Russo, cuando logró algo de autonomía, que no fue mucha, en la gestión del plantel. Los equipos de Schelotto tienen una forma definida, la que él mismo marca. Perfil claro, de táctica y de intérpretes que la lleven adelante, con los más y los menos que todos los entrenadores tienen.

No es casual que el Schelotto técnico, su paso por Boca, vaya tomando valor por encima de la final perdida en Madrid. Nada opacará el dolor de ese partido perdido, el más importante de la historia del superclásico, pero tampoco tendrá sombra suficiente como para eclipsar un proceso que marcó un techo que no volvió a ser superado, ni igualado siquiera, en estos ocho años que siguieron a su partida, los tres últimos sin títulos en el club más exitista del planeta.

Boca, desde hace rato ya, es un boceto desdibujado, un trazo desalineado, indefinido, con más pretensiones que realidades, que un día puede jugar un poco bien y otro un poco mal, sin que haya mucha diferencia entre una versión y la otra.

En Liniers, fue buena parte, un partido de gol gana. Parejo, porque Boca tiene futbolistas de un calibre que le permiten disimular su evidente déficit de conducción técnica, ante un Vélez con mucho pibe (buenos, pero chicos al fin) al que le cuesta hacer base, pie, porque todo es muy hormonal, impulsivo, para bien y para mal. Y así funciona.

Después de un primer tiempo oscilante, sin dominador claro, en el que Boca llegó un poco más pero sin la profundidad necesaria, el partido quedó más definido a partir de la convicción y la audacia con la que Vélez salió a jugar el complemento.

Porque fue el local el que se hizo cargo del partido, asumió el rol de protagonista, deseó ganar y fue a por ello. Crecieron, claro, algunas figuras. Como Andrada, como Pellegrini (claro, con dos goles), pero sobre todo Valdes. El chileno que este cuerpo técnico rescató del América de México y que ayer hizo jugar a todo su equipo. Inclusive, antes de las dos asistencias geniales para los goles de Pellegrini.

Fue una ráfaga la del Fortín, que en dos jugadas dejó marcadas dos heridas mortales en un Boca que no tuvo reacción. Sí, otra vez, como ha pasado en otras noches, el Xeneize se dejó vencer ante el primer gol del rival. Preocupante, desde ya, pero también inquieta la falta de identidad de un equipo que no parece tener plan, ni forma definida, que descansa en la tremenda jerarquía de Paredes, pero que esta vez no le sirvió ni siquiera su pegada en la pelota parada, que otras veces fue el salvavidas que lo sacó del apuro.

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