
LA HISTORIA DEL CENTRO CULTURAL GENERAL SAN MARTÍN
Cuna del arte y las letras, protagonista de la vuelta a la democracia y hasta sede de un duelo inolvidable en plena Guerra Fría.
El Centro Cultural General San Martín está catalogado como una de las cinco obras más representativas de la arquitectura moderna en la Argentina: comenzó a funcionar en 1970 y se convirtió en un espacio de encuentro para el debate, la reflexión y el pensamiento crítico.
El diseño y la realización de todo el complejo estuvo a cargo del arquitecto Mario Roberto Álvarez. Su apertura surgió naturalmente como un centro para congresos, conferencias y actos culturales. Estaba destinado a ser formador de varias generaciones de público y un escenario de experimentación y consagración de artistas, además de caja de resonancia de hechos culturales, políticos y sociales fundamentales para la vida democrática del país.
Pero pronto fue virando hacia lo artístico y cultural con conciertos, exposiciones de arte, cine y teatro como puntos fuertes. Luego, con el retorno de la democracia en la década de 1980, se posicionó como espacio de protagonismo relevante para las vanguardias artísticas y culturales.
Además, en esa etapa albergó a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) que encabezó el escritor Ernesto Sábato. Durante 280 días el trabajo de este organismo creado por el Gobierno del presidente Raúl Alfonsín se desarrolló en el segundo piso del Centro Cultural. Allí se recibieron miles de declaraciones y testimonios de sobrevivientes y familiares de víctimas de la represión ilegal.
La construcción del edificio representó la segunda etapa de un complejo cultural que se había iniciado con el Teatro San Martín entre 1954 y 1960 sobre la avenida Corrientes. Al momento de su apertura, el Centro Cultural terminó adoptando el mismo nombre del teatro. Por eso ambos espacios suelen ser tomados como uno solo, cuando en realidad son entes independientes con directores distintos y actividades diferentes.
El Centro Cultural abarca una superficie de 42.000 metros cuadrados, con una torre de 12 pisos, un cuerpo bajo menor y seis subsuelos. Por debajo de la estructura elevada se encuentra el llamado Patio de Esculturas, que sirve de acceso a la torre principal y que conduce a la Fotogalería que, a modo de calle peatonal, logra una conexión fluida con el teatro. Y en la esquina de Sarmiento y Paraná está la Plaza de las Américas, un espacio verde que permite una mejor perspectiva del edificio.
En sus primeros meses de vida el Centro Cultural fue sede de un acontecimiento mundial de enorme repercusión cuando el ajedrecista estadounidense Bobby Fischer y el ruso Tigran Petrosian se enfrentaron en un inolvidable duelo de 27 días que marcó uno de los momentos más convocantes en la historia de ese deporte.
Fischer se impuso al cabo de la serie disputada en octubre de 1971 y dio el primer paso para terminar con la hegemonía soviética en este juego en plena Guerra Fría, lo que completó un año después al vencer a Boris Spaski en Islandia para consagrarse como nuevo campeón mundial.
También desde sus orígenes la vanguardia del arte ya veía en el Cultural un centro de exhibición moderno en donde mostrar su producción. La obra Desplazamiento, donada por Julio Le Parc en 1970 y parte de su investigación en torno a efectos visuales basados en los movimientos de los espectadores se instaló como punto de partida de una nutrida colección permanente que entonces se completaba con esculturas de Líbero Badíi y Enio Iommi.
Desde noviembre de 1972, el quinto piso del Cultural alojó al Centro de Investigaciones en Comunicación Masiva, Arte y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires (CICMAT). Hasta el golpe de Estado de marzo de 1976, el CICMAT dio continuidad al trabajo multidisciplinario de muchos de los artistas del Instituto Torcuato Di Tella, que había sido clausurado en 1970.
Ya jerarquizado como epicentro de la vida cultural durante el renacer democrático, bajo la gestión del cineasta Javier Torre, el centro cultural se erigió en un espacio impulsor del diálogo en una sociedad que necesitaba reencontrarse con la expresión en todas sus formas. Los datos estadísticos de la época indican que sólo en 1985 llegaron a visitarlo casi 400.000 personas, un récord histórico.
Desde entonces en adelante pasaron por sus salas las principales figuras de las disciplinas más diversas. En 1989 fue el lugar elegido para una retrospectiva de la obra de Ingmar Bergman que contó con la visita de la actriz sueca Ingrid Thulin y el camarógrafo de Bergman, Gunnar Fischer.
En 1990 fue sede del Encuentro Latinoamericano de Escritores, del que participaron, entre otros, Mario Benedetti, José Donoso y Mario Vargas Llosa.
María Elena Walsh, Adolfo Pérez Esquivel y Estela de Carlotto fueron parte de un coloquio sobre la Desaparición Forzada como Crimen de Lesa Humanidad, y Luc Montagnier, descubridor del VIH, disertó en una de las salas de congresos.
Entre 1997 y 1999, el edificio se adaptó para convertirse en sede provisoria de la Legislatura porteña, lo que reforzó una vez más su compromiso con el espíritu democrático siendo parte de un momento fundacional en la vida institucional de la Ciudad cuando se inició el proceso de autonomía.
Pensado para albergar festivales de todo tipo, en 2012 el Cultural fue por primera vez sede del BAFICI y también recibió al Festival Internacional de Circo y al de Tango.
Grandes personalidades que pasaron por sus salas: Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Mercedes Sosa, Roberto Goyeneche, Ariel Ramírez, Rigoberta Menchú, Beatriz Sarlo, Juan José Saer, Adolfo Bioy Casares, Antonio Skármeta, Alicia Moreau de Justo, Gregorio Klimovsky, León Ferrari, Juan Carlos Portantiero, Antonio Di Benedetto, Enrique Medina, Ricardo Piglia, Miguel Briante, Antonio Dal Masetto, Nicolás Sarquís, Atahualpa Yupanqui, Osvaldo Pugliese y Marta Minujin, entre otras.